Un paseo en la Obscuridad (Primera Parte)
El rojo plomizo del atardecer centellea como una llamarada sobr el alfeizar de la ventana...
La algarabía de la juventud en las calles festejando el final del día y las personas cansadas de un día mas de trabajo emprenden la retirada a sus hogares, resonando sus pies sobre las banquetas, o acelerando desesperadamente sus coches en una mezcla de cansancio y hastío...
La llegada de la obscuridad sigue siendo como el inicio de los tiempos, cayendo lentamente y nublando las conciencias diurnas que se relajan y cambian de actividades al momento de su llegada.
Antes se tenia mas respeto sobre el milagro nocturno, pocas eran las personas que desafiaban su engullir tenebroso, ahora con la tecnología, la noche se vuelve un "día artificial", capaz de mantener despierto al que mas entre sus luces multicolores y su diversión desenfrenada, ya que pese al tiempo, sigue siendo la oscuridad y la noche los guardianes y confidentes de las actividades y diversiones que en el día carecerían de la misma magia y sabor.
Aun destellean los últimos rugidos del abrazador sol...ha sido un día especialmente calurosos y siento como aun sus últimos rayos se aferran a la cúpula celeste tratando de permanecer y seguir abrazando a la tierra con su calor...
He decidido ser libre....he decidido descubrir por fin el misterio que se cierne noche tras noche en la obscuridad de la tierra, he decidido volcar en ella el dolor que siente mi alma y dejarla que la engulla hasta el último resquicio, dejando mi ser hueco y vacío para convertirme en un autómata más que deambula por las calles bebiendo y "viviendo" entre los demás.
Me levanto de la cama y observo las primeras estrellas....que temerosas asoman su blanca y lustrosa cara a la espera de que su feroz guardián desaparezca en el horizonte...
Mi corazón se siente presa de una enorme excitación y casi siento que mi familia lo escuchará agitado y a punto de salir de su cavidad por el gozo que experimenta...Me despido de todos, me voy pero regresaré al amanecer, no sospechan que en la batalla que libraré no habrá heridos ni cuartel...solo volverá el dolor o el vacío...ya nunca más la misma persona...
Por un instinto netamente físico cargo un sueter en mi vieja mochila, un poco de dinero, y me detengo en la puerta...la frescura de la noche que apenas empieza me eriza la piel y me cuenta al corazón que esto tal vez no sea como lo imaginé. Mi corazón late pequeñó y enjuto dentro de mí, como queriendo abrazarse a mis entrañas, y salgo pese a todo, pese a sus advertencias, pese a sus añoranzas de una velada tranquila en el hogar, cierro la puerta y se da cuenta que no hay marcha atrás.
Apenas han empezado a encenderse la luz mercurial de las calles, aún numerosas personas se dirijen a sus casas, y tropiezo constantemente con muchas de ellas, se escuchan por todas partes cuchicheos y planes para seguir disfrutando las horas antes del nuevo día y yo no puedo más que tratar de alejarme de todo ello, paso 5 o 10 minutos sin rumbo fijo, tratando de establecer hacia donde me dirigiré....no sé como buscar el punto más obscuro ....pero sé ...que en cada ciudad en cada pueblo en cada ser existe un punto máximo de ella, y yo debo encontrarlo, aquél punto absorbente que me permita arrojar en él la pesada carga que sostengo.
En la oleada de almas que se suceden en mi camino empiezo a experimentar una especie de vértigo, una desorientación y una impotencia enormes....una vocesita empieza a platicarme lo inútil que es el salir así, lo estúpido e imposible que es el encontrar el corazón de la noche, pero justo cuando su voz toma fuerza y empiezo a sentir el entumecimiento de la razón, mis ojos se fijan en la cara oculta del cerro....es ahí donde se encuentra el corazón de la noche, en esa silueta fantasmal que observa a la ciudad, con su rostro impasible y eterno....es ahi donde tendre que ir a encontrar mis respuestas.
Siento como mi corazón da un nuevo tumbo, se sobresalta al sentir que esta vez he encontrado el camino y no me dentendré...
Atravieso calles y avenidas como seguida por la muerte, la excitación y el miedo acalambran mis piernas pero no puedo permitirme parar, no ahora que encontré la dirección, corro como enajenada, buscando las rutas que me permitan llegar, me desespera a pesar de que han pasado a lo mucho 40 minutos desde que el sol abandonó los cielos, pero para mi, cada minuto es una eternidad lejos de mi objetivo, así que trazo mentalmente la forma de llegar y tomo un transporte que me acerque rápidamente al lado obscuro de ese cerro.
En el transporte sólo hay un indigente dormido, un hombre que se dirige a su casa y una señora con su hijo de algunos 8 años, todos invariablemente han perdido la alegría de vivir, incluso el pequeño niño sigue como un autómata las recomendaciones de su madre....sus ojos no poseen ningun brillo, saben que al llegar a su casa no encontraran más que lo que siempre han encontrado, saben que pasarán los años y que nada detendrá la rueca que teje su existencia proque simplemente no quieren que la rueca pare , aunque no tengan idea hacia donde se dirige.
De toda aquella vision solo el medigo dormido me causa una extraña facinacion, el emana una energía libre y tranquila, no tiene nada, no cenará nada esta noche, incluso no sabe si el día de mañana podrá ver la luz del sol, pero eso no le importa, la desfachatez con que maneja su alma me hace sentirme anonadada y le observo durante largos minutos....¿que secreto encierra ese sereno corazón que empieza a despertar al escuchar el alboroto del mío?
Continuará...










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